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 Hace años, tras concluir el Plan de Ordenación y de Protección del Barranco del Poqueira (Alpujarra, Andalucía, España), recuerdo que escribí una sentida reflexión en reconocimiento de los logros conseguidos en común, a lo largo de los últimos 20 años, por los ciudadanos de aquel hermoso lugar. Toda una lección de responsabilidad y de coherencia que habían dado los tres municipios de aquel valle con motivo de su planeamiento, con el que escribí una de las páginas más gratificantes de mi vida profesional.

Y entre otras cosas escribí que:

“En numerosos lugares, en demasiadas ocasiones, la huella del desarrollismo urbanístico de los últimos años ha terminado por enterrar muchos de los valores urbanos, ahogados por la huella indeleble de la especulación en el diseño y en la construcción de la ciudad.

 HUERTOS URBANOS BUBIÓN

Por ello me parece acertado y justo que se reconozcan los grandes esfuerzos que se están realizando desde la Alpujarra en defensa de su valiosísimo, a la vez que frágil, patrimonio ecocultural. Y es necesario destacar, entre todas, la labor pionera que desde el Barranco del Poqueira que ha permitido que:

-       la Consejería de Cultura haya  delegado en sus tres municipios las competencias para la gestión de sus respectivos Conjuntos Históricos,

-       Y que en el año 2009 se les concediese la Bandera de Andalucía por la planificación y gestión urbanística de su territorio.”

Pues bien, hoy quiero rescatar de aquel plan algunas ideas sobre sus innovadoras propuestas, precisamente aquellas referidas a la PROTECCIÓN DE SUS HUERTOS URBANOS:

 “El lento proceso de crecimiento, evolución y transformación de los núcleos tradicionales a partir de los pequeños asentamientos rurales primigenios ha supuesto la ocupación progresiva de los espacios cultivables existentes entre los cortijos y eras.

 Existen huertos que se mezclan en la trama urbana con las edificaciones residenciales, manteniéndose la actividad productiva en muchos casos. En otros casos se han reconvertido como espacios libres privados, con unas cualidades ambientales reseñables.

 Estos espacios suponen un esponjamiento de la trama y son elementos de gran interés etnológico, destacando los muros que definen los abancalamientos como elementos cualificadores del espacio público.”

Pues bien, en relación a sus huertos de estos tres municipios, el plan estableció diferentes medidas para “Evitar la progresiva densificación de las zonas centrales de los pueblos y la paralela desaparición de los espacios no edificados de carácter privado, tales como los huertos y jardines anejos a las edificaciones tradicionales, de gran importancia a la hora de configurar la escena urbana”.

03 huerto

 Por tanto el plan identificó y catalogó todos los huertos urbanos vinculados a las viviendas y estableció mediadas para su conservación como espacios agrícolas integrados paisajística y ambientalmente dentro de la trama urbana… Supuso toda una innovación y requirió de grandes dosis de pedagogía, pero felizmente eligieron el camino de la sostenibilidad y de la responsabilidad.

Por eso, entonces escribí, muy orgulloso de sus gentes, que el Barranco del Poqueira era todo un modelo a seguir.

 

Este domingo pasado, como casi todos ellos, decidí salir a la montaña para hacer senderismo y cargarme de vitalidad… Recordareis que una de mis frases favoritas es esa que dice:

¿Qué hay en los paisajes que no sea una cierta fertilidad en mí?

Pues bien, en esta ocasión recorrí el Barranco Alcázar, en la cara Norte de Sierra Nevada (Jerez del Marquesado, España), primero ascendiendo por su margen izquierda hacia el área recreativa de La Tizná, y ya tras el bocata, descendiendo por su margen derecha. Conociendo un maravilloso paisaje cultural que nos iba narrando cómo el hombre del lugar se relacionó con la montaña y supo convivir con ella.

En realidad el hilo conductor del recorrido fueron las diferentes obras de ingeniería que a lo largo del siglo XX se hicieron para producir electricidad destinada fundamentalmente para las cercanas Minas de hierro de Alquife, hoy clausuradas pero que durante décadas han sido la única fuente de trabajo de toda la comarca del Marquesado. Aunque lógicamente durante el recorrido en cierto como pudimos identificar los vestigios que a lo largo de la historia dejaron estas gentes, con sus costumbres, en el lugar…
Así pues, iniciamos nuestra senda recorriendo un antiguo camino de arrieros que cruzaba la Sierra y que discurrió en gran parte por uno de los “cortafuegos” del bosque de coníferas que fue sembrado allá por los años ’50 y que en apenas unas décadas ha trasformado el paisaje comarcal. Pero enseguida llegamos a los primeros ingenios para producir electricidad, de los muchos que hay en este valle: Las Centrales Hidroeléctricas del Marquesado. Todo un sistema conformado por la recogida de agua de los arroyos y su canalización a través de un canal para que no mucho después, una vez conseguido un gran desnivel respecto del río, caer con toda la fuerza hacia una Central Hidroeléctrica y sus turbinas para producir la electricidad que permitió modernizar las Minas de Alquife.

Y durante el recorrido que nos ocupó unas cinco horas, apreciamos todos los elementos que conformaban estos sistemas de generación de electricidad, absolutamente innovadores para su época y que trajeron la “modernidad” a estas montañas… Canales, balsas de acumulación de agua, cámaras de descarga, la casa del guarda, las tuberías, las centrales con sus turbinas… Un maravilloso patrimonio de arqueología industrial que ojalá que más pronto que tarde pueda sea objeto de las obras de conservación (e incluso de puesta en uso puntual) para que pueda ser “contado” a los visitantes… Por lo que aprovecho desde aquí para mandar un fuerte abrazo y todo mi apoyo a Juan Carlos Guerrero (investigador/soñador local) que está intentando impulsar estas iniciativas…

Y durante el recorrido visitamos una vaquería, o recorrimos diversas acequias de riego, con sus partidores, nos acercamos a las plantaciones de castaños… y de alguna manera, visualizamos también la exquisita manera con la que el hombre popular se relacionó con el medio en el que vivía y con el que convivía…

En definitiva, una maravillosa mañana teniendo como una guía excepcional a la fotógrafa Nuria Hernández, en unos parajes sobrecogedores, que me cargaron de energía y también de pensamientos… y quién sabe si también de proyectos…

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Martes, 10 Octubre 2017 07:00

PAISAJE Y HÁBITAT EN LA ALPUJARRA

Hace unos días, con motivo de una de mis reflexiones en La Ciudad Comprometida, en la que hablaba de la orfandad que aqueja a los minúsculos municipios de La Alpujarra (Comarca andaluza ubicada entre las provincias de Granada y Almería), mi apreciado amigo, el arquitecto onubense Guillermo Duclós Bautista, uno de los especialistas con mayor sensibilidad que conozco, para mejor ilustrar mis palabras quiso compartirnos en las redes sociales su “álbum fotográfico” sobre esta tierra y yo, claro, le propuse compartirlo mejor con todos vosotros, para lo cual os las muestro aprovechando para rescatar unas palabras que escribí hace tiempo sobre “Paisaje y Hábitat en La Alpujarra”, en la seguridad de que ambos discursos se reforzarán mutuamente:

“El paisaje constituye, sin duda, uno de los elementos más significativos de la Alpujarra – Sierra Nevada. El paisaje de éste ámbito se caracteriza por la intensa humanización y el equilibrio que tradicionalmente ha existido entre el aprovechamiento del medio y la conservación de los recursos ambientales existentes. De esta simbiosis surge un ámbito peculiar, donde tanto valor e interés tienen los núcleos de población como el propio medio natural en el que se inscriben.

Se trata de un área montañosa en la que incluso se localizan las mayores cumbres de la península Ibérica, extendiéndose las comarcas alpujarreña y del alto río Nacimiento, respectivamente, por las vertientes meridionales y septentrionales de Sierra Nevada. Un amplio espacio situado entre las provincias de Almería y Granada, relativamente aislado del exterior por la escasez de comunicaciones, pero aún más recóndito internamente debido a la compartimentación a la que obliga la complejidad del relieve.

El hecho montañoso es, sin duda, la condición geográfica más determinante del área, lo que ha conllevado, entre otros múltiples efectos, el arraigo de una cultura tradicional, el refugio de unos modos de vida ancestrales y de unas formas de hábitat (asentamientos) y habitación (construcciones) singulares.

Se expresa en ésta una sola realidad paisajística que la hace perfectamente identificable respecto a otros espacios. Pero, a la vez, posee tal diversidad interna que se la puede considerar como un extenso mosaico de muy diferentes formas, tamaños y colores.

Este mosico se traduce en elementos tan diversos como las altas lomas cubiertas por verdes masas forestales, pastizales y cultivos hasta las vegas que se encajan en los fondos del valle, pasando por los aterrazamientos de ladera construidos por paratas de piedra y salvaguardados con árboles en los linderos y las mollares laderas cubiertas de almendros y vides.

Esta diversidad de paisaje y los matices que surgen por cada rincón suponen una vivencia de sensaciones visuales, auditivas y aromáticas únicas.


La Alpujarra

Pincha en la imagen para acceder al álbum completo.

 

Los núcleos tradicionales de la comarca, constituyen una de sus más importantes manifestaciones culturales y representan una perfecta muestra de equilibrio entre el asentamiento humano y la naturaleza. Además, juegan un papel integrador que conforma el territorio y el paisaje, manteniendo sus características y convirtiéndose en las señas de identidad comarcal.

La arquitectura tradicional presenta un indudable carácter unitario siendo quizás el más evidente de los distintivos de la comarca. A ello contribuye la belleza de las construcciones, pues en ellas se combinan magistralmente la asimetría de sus volúmenes con el equilibrio en sus medidas y proporciones.

La casa popular es parte integrante del paisaje en un buen ejemplo de armonía con la naturaleza. Los materiales presentes en el entorno son los elementos básicos para su construcción, adoptando una estructura a base de formas cúbicas. Las edificaciones, caracterizadas por sus techos o terraos cubiertos de launa, se encaraman sobre los barrancos y laderas creando conjuntos urbanos que se despliegan como mantos blancos que contrastan sobre la montaña.

De manera recíproca, el paisaje natural se convierte en protagonista en la escena urbana de los núcleos, manifestándose desde los miradores, paseos-mirador, por encima de las edificaciones o enmarcado por las mismas, cualificando de esta manera los recorridos urbanos y convirtiéndose en un valor añadido al indudable interés ambiental de los pueblos de la comarca.”

REFLEXIONES SOBRE LA ORFANDAD DE LA ALPUJARRA GRANADINA